Tras su primer posicionamiento en taquilla, Perdiendo el norte se presenta como el nuevo récord de producción española. Tanto es así que tiene todas las papeletas para convertirse en un fenómeno superior a 8 apellidos vascos.

Cinco años ha esperado el director Nacho G. Velilla para su siguiente trabajo cinematográfico. Sin duda, lo más destacable de Perdiendo el norte es la calidad de sus interpretaciones, quienes, a penas sin esfuerzo, saben dar la talla en cada secuencia.

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Julián López, actor predilecto en las películas de Nacho G. Velilla, ha pasado de secundario en Que se mueran los feos a principal en Perdiendo el norte, dada la evidente superación de expectativas en la primera. El actor sigue siendo el plato fuerte de sus trabajos, con su antiesteticismo que tanto complace al público. Procedente del exigente mundo de la comedia, su frustración e infortunio constantes en Perdiendo el norte florecen de un modo tan natural que crea una atmósfera de verosimilitud y realidad, simpatizando con el espectador y creando así un vínculo en común con los jóvenes, a través de guiños como “hoy en día los únicos que investigan son los jueces”, “¿nos manifestamos? ¿recogemos firmas? ¿y si llamamos a un Bardem?” o “el Estado ha invertido mucho dinero en nuestra preparación, ¿van a ser tan tontos como para desperdiciarnos?”. También ofrece alude a la gestión política alemana: “¡ni juntando tres minijobs llego al salario mínimo!” Una recomendación: no levantarse del asiento cuando comiencen los créditos finales.

Yon González constituye la elocuencia personificada y la prueba de que, una vez más, la nueva escuela de actores puede llegar a ser muy versátil. Con frecuencia veíamos a Yon en series y largometrajes en los que mayoritariamente podría demostrar su valía dramática (El Internado, Gran Hotel) o bien su atractivo físico para un gran porcentaje de público adolescente. Casi se repite lo que ocurrió en su momento con Mario Casas, ídolo de adolescentes por excelencia, quien calló muchas bocas con una digna interpretación cómica en Las brujas de Zugarramurdi. De este modo, Yon ha desplegado toda una vis cómica, lo cual depende tanto del talento del intérprete como del poder embaucador de su director.

Blanca Suárez, nueva diva de las artes escénicas españolas. La actriz había sido compañera de reparto de Yon González en El Internado, además de interpretar ambos a una pareja de enamorados. Su sonrisa angelical y tez impecable aseguraban para esta “amiga” de los espíritus un futuro prometedor ante las cámaras. No obstante, su indudable fotogenia no es lo único que destaca en Perdiendo el norte, ya que Blanca ha sabido desplegar toda su vertiente cómica, haciendo uso no solo de una devastadora ironía, sino también de una desvergonzada caricaturización de sí misma. Resulta casi imposible no reír escuchándola contar su historia sobre la boda de su exnovio.

La actriz sabe ponerse los zapatos de cualquiera y no es la primera vez que lo demuestra, pues aún la recordamos interpretando a una joven autista en La piel que habito, obra maestra de Pedro Almodóvar que le valió una nominación al Goya en 2012. Sin duda, toda una revelación que no tardará en sorprender nuevamente.

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La otra estrella del film responde a Miki Esparbé, quien, representando al bufón de comedia, es capaz de centrar toda la atención del público en su personaje. A pesar de interpretar a un secundario, “Rafa” desprende la espontaneidad y la chispa que hacen de él uno de los platos fuertes. Desde el momento que entra en acción, el actor catalán sabe llevarse al espectador a su terreno, con la ingenuidad y la misma falta de luces que ha hecho un emblema de otros personajes como “Johnny” de 7 vidas, “el Luisma” o “Coque”. Como dato a mencionar, la risa de Rafa no es la de Esparbé.

Carmen Machi y Javier Cámara, actor fetiche de Nacho G. Velilla, también tienen antecedentes con el director zaragozano. Ambos habían trabajado juntos en la serie 7 vidas y en Que se mueran los feos, donde también encarnaban a una pareja sentimental. En esta ocasión, los ya consagrados actores dan paso a las estrellas en vías de desarrollo para los papeles protagonistas. Las interpretaciones de Machi y Cámara no difieren en absoluto de lo que nos tienen acostumbrados, aunque sus aportaciones en Perdiendo el norte son sinceras y frescas pese a sus experiencias en la comedia, lo que aumenta la calidad humorística de la película. Realmente, sus nombres en cartelera proporcionan al público una carcajada asegurada.

Por último, cabe destacar la imponente colaboración de José Sacristán, quien aporta el vértice de veteranía a esta comedia romántica. El actor representa el punto de inflexión en la historia, el matiz de tragedia que requiere toda buena comedia. Con la piel de gallina, el público lo escucha hablar con esa templanza, esa sabiduría añeja con la que desprende sus sentencias: “El que olvida su historia está condenado a repetirla.” Desde luego, el personaje de Andrés simboliza la moraleja de todo lo que pretende contar Perdiendo el norte.

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También de forma positiva podemos referirnos al resto del reparto, entre los que destacan Malena Alterio, Úrsula Corberó y un brillante Younes Bachir, actor marroquí que ha supuesto toda una revelación para la comedia española.

Humor y desmitificación de ambos países

La película en sí supone una llamativa sátira sobre el problema que asola España desde la irrupción de la crisis y sobre las riendas que se han tomado tanto en España como en Alemania. De este modo, temas como la corrupción, los recortes, los oídos sordos y la injusticia social son recurrentes en los diálogos. El guion se forja mediante continuas reminiscencias que servirán de agarradera para el desarrollo de la película. Todos nos imaginamos que la consideración de Carla sobre que “cuando eres la otra, ellos nunca dicen no quiero” sería de relevancia para el final de la historia.

Por otro lado, es digna de mencionar la banda sonora grabada para la película, una nueva versión de “Mi querida España” que irrumpe siempre de la manera más irónica posible.

En cuanto al escenario de la película, el lugar donde se desarrolla la acción implica la desmitificación completa de una de tantas ciudades anheladas, como lo es Berlín. Muchos jóvenes españoles idealizan la emigración y visualizan una oportunidad en el exterior para despegar profesional y personalmente. Sin embargo, Perdiendo el norte realiza una demostración de que el éxito no nos espera haya donde uno vaya, sino que debemos sembrarlo en cualquier parte.

Perdiendo el norte, además, nos enseña lo que ocurre desde hace años ante el problema del fracaso laboral, y es la sobrevaloración de una condición profesional, de una condición académica y curricular. Esto es, el anhelo constante de trabajo y de forjar unas metas profesionales que nos harán ser alguien. Por culpa de ello, hemos olvidado otros valores que actualmente carecen de relevancia, como los que se perciben en la película: la humildad, las experiencias vitales y las relaciones humanas. Al fin y al cabo, es con lo que deciden quedarse nuestros personajes.

“La memoria… la memoria es muy importante.” Andrés

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Lorena Alemán (35 Posts)

Guionista de pequeñas cosas, escritora de historias a medio y pintora de miedos. Twitter: @AleLorelay