La nueva película de Jean-Jacques Annaud se titula El último lobo (Wolf Totem), una dura crónica acerca de la matanza de lobos en Mongolia a finales de los años sesenta.

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El estreno, que ha tenido lugar en España el 10 de abril, ha pasado desapercibido para la gran mayoría de ciudadanos. Sin embargo, en absoluto podemos ignorar este último gran trabajo del director francés sobre la unión del hombre y el lobo, cuyo rodaje ha durado nada menos que cuatro años.

Annaud tiene el respeto del público y de la crítica gracias a largometrajes como Negros y blancos en color (1976), por la que recibió el Oscar a la Mejor película extranjera; El nombre de la rosa (1986), adaptación de la obra homónima de Umberto Eco; El amante, otra adaptación de la erótica novela de Margarite Duras; Siete años en el Tibet, aún censurada en oriente; y El oso, una impresionante fábula capaz de despertar el lado más humano del espectador.

De nuevo, estamos ante una historia fabulista, pues El último lobo constituye toda una expresión animalista y un canto a la libertad y el respeto hacia los animales salvajes.

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La película está ambientada en 1969, cuando dos estudiantes de Pekín son enviados a Mongolia Interior para vivir una experiencia a cambio de enseñar a leer y escribir a los pastores nómadas. Allí son testigos del modus vivendi de los mongoles, de su estrecha relación con los lobos y de cómo entienden y respetan su universo.

Sin embargo, el gobierno ordena la aniquilación de estos animales, comenzando por la matanza de las crías que estos esconden en cuevas de la estepa. Uno de los estudiantes, Chen Zhen (sobrecogedor Shaofeng Feng), se siente incapaz de acatar dichas órdenes y, en un arrebato de rabia y dolor, decide esconder a una de las crías para evitar que sea asesinada. Chen Zhen se lleva al lobezno a su cabaña, donde vivirá una impresionante experiencia que el público disfrutará secuencia a secuencia.

“Has capturado un Dios para convertirlo en esclavo.”

No podemos dejarnos engañar por la apariencia narrativa de El último lobo. No se trata de una película de acción, pero podría serlo, pues la tensión que vive el espectador en determinados momentos es realmente angustiosa, y nada más empezar. Durante el primer punto de giro, a los quince minutos del comienzo, Chen Zhen desobedece a su mentor y decide ir por otro camino para ver a los lobos. De repente, se encuentra rodeado de lobos salvajes que, mostrando sus relucientes colmillos, y se preparan para atacar. El público se remueve en su asiento, viendo caer la gota de sudor de la frente del protagonista.

Por otro lado, la sensibilidad con la que Annaud narra la historia entre el estudiante y el lobezno es extraordinaria, capaz de lograr un torrente de lágrimas en cada situación. En ocasiones, la lleva hasta tal grado que incluso resulta duro mirar a pantalla sin evitar una punzada de dolor en el pecho. La reacción del público ha sido muy homogénea, coincidiendo en que la línea poco escrupulosa que sigue el despiadado director es tan asfixiante como realista. Muchos, de hecho, salen de la sala a mitad de la película, incapaces de soportar la crueldad y dureza de algunas escenas. ¿Lo peor? Que están basadas en hechos reales.


“Arrasar con la naturaleza es una forma diferida de acabar con uno mismo.” J-J. Annaud

El último lobo está basada en la novela Tótem Lobo, de Jiang Rong (seudónimo de Lü Jiamin), quien decidió inmortalizar sobre papel la increíble experiencia que vivió con el lobo durante su estancia en Mongolia. El libro es el segundo best-seller más leído de China, después de el Libro Rojo de Mao.

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No sigas tu camino sin detenerte a visualizar esta obra de arte sobre la depredación humana. La historia no te dejará indiferente y, sin duda, tampoco el… lobito.

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Lorena Alemán (35 Posts)

Guionista de pequeñas cosas, escritora de historias a medio y pintora de miedos. Twitter: @AleLorelay