Desde hace años leía y veía por televisión las intervenciones de Jesús Palacios, siempre me gustaron, ya que me encanta el cine negro y los crímenes sin resolver, creo que es una oscura pasión y siempre me gustó verle y leerle, hace unos años tuve la suerte de conocerle en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, donde él coordina mi parte favorita del festival “La noche más freak” al día siguiente accedió a hacer un pequeño coloquio en el bar que tenía una amiga y poco a poco forjamos una pequeña amistad y cuándo viene por la isla siempre intentamos tomarnos alguna caña juntos, hace unos días me envió un mail, hablando de su nuevo libro “Hollywood Maldito” y lógicamente no pude evitar entrevistarle y él como siempre accedió de buena gana.

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Entrevista al escritor y crítico de cine Jesús Palacios

-¿Cómo comenzaste en el mundo de la escritura y el cine?

Desde que tuve uso de razón supe que lo que quería era que me pagaran por leer y ver películas. Si para conseguir eso la única solución era escribir profesionalmente, pues habría que escribir. Lo que no me imaginaba era lo duro que iba a ser… Aunque tampoco es que sea picar piedra, por supuesto. Ya desde pequeño, en el colegio, cuando nos mandaban preparar alguna redacción sobre el fin de semana, mientras los demás niños escribían sobre sus padres, la excursión al campo o el día en la piscina, yo escribía una crítica larga y tendida de la matinal Disney a la que me había llevado mi hermano mayor el sábado o el domingo, generalmente al cine Imperial de Madrid, hoy desaparecido. Tenía claro que lo que quería no era hacer películas, que es muy cansado y difícil, sino escribir sobre ellas.

-En tu caso sabemos que de casta le viene al galgo ya que eres hijo de Joaquín Palacios con el cual realizaste varios fanzines ¿Qué destacarías de esa época con tu padre?

Yo tuve mucha suerte en mi casa. Mientras muchos amigos con gustos y aspiraciones parecidas a las mías tenían poco menos que leer a escondidas, mi padre era un hombre no solo muy culto, con una gran biblioteca y él mismo escritor a ratos libres, sino además con una inclinación muy peculiar por todo lo extraño, lo misterioso, fantástico y macabro. Todo se lo debo a mi padre, que me inoculó el virus de la literatura, la lectura y la compra de libros compulsiva. Todas las mañanas de sábado, durante décadas, íbamos a la Cuesta de Moyano a comprar libros de segunda mano y novedades. Todas las del domingo, al Rastro a lo mismo… Y fue, precisamente, en Moyano y el Rastro de Madrid donde conocí a otros fanzineros de mi edad o algo mayores, que editaban publicaciones como Space Opera, Terminal, Fan de Fantasía, Morpho, Marginalia y similares. De ahí, a empezar a publicar en otros nuevos como Blagdaross, Serie B, Opar, 2000 maníacos, etc.,solo hubo un paso, aparte de, naturalmente, editar los propios. En eso, una vez más, conté con la ayuda de mi padre, que le dedicaba más horas al fanzine que yo mismo. Primero fue Excalibur, un fanzine de temas célticos y artúricos, pero después mi propio padre se impuso y juntos hicimos El Grito, dedicado ya por completo a la literatura de terror y fantástica. Todo esto fue en los primeros años 80. Excalibur me coincidió con el servicio militar. A la vuelta, nos volcamos ya en El Grito, pero debo agradecer a Excalibur el comenzar a publicar profesionalmente y cobrando (!!) en La Luna de Madrid, gracias a Alfonso Álvarez Lorencio, ya fallecido… Que era uno de los libreros de Moyano al que compraba siempre mi padre. Al final, todo lleva a mi padre, que sigue ayudándome cada vez que escribo algo, pues siempre encuentro no solo libros en su biblioteca que me sirven de inspiración, información o apoyo, sino a menudo notas, recortes, textos y apuntes de su puño y letra que parece que me estuvieran guiando, echándome un cable desde el Más Allá.

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-Eres autor, editor, crítico de cine, organizador de secciones de festivales, guionista de programas de televisión como “Inferno 13”… Y seguro que me dejo algo en el tintero. ¿De todas las cosas que haces cual es la que más te gusta?

Pues, quizás, la que ya no tengo la suerte de ejercer profesionalmente, como hice durante años: la radio. Me encanta el medio radiofónico, las posibilidades que ofrece, el contacto más sutil y menos manipulador que el de la televisión que implica con los oyentes… La música, la voz, combinar ambas cosas, ilustrar las opiniones con canciones o temas… Durante años colaboré en un programa de radio libre, primero en Onda Verde Vallekana y después en una escisión de la misma que se llamó Radio Mercurio. Aunque era radio libre la hacíamos con absoluta profesionalidad, y eso me permitió después trabajar como comentarista en otras radios como Cadena Dial, la Ser, etc.

Desgraciadamente, la crisis puso fin a mi carrera radiofónica hace unos años, y la echo realmente de menos.
-¿Crees que en España cuidamos de nuestro cine en general y de nuestra cultura en particular?
No, no lo creo. Pero a veces yo mismo me olvido de que existen, porque nos importan tan poco… La prueba está a la vista de todos: con la crisis, lo primero que sufre es la cultura. En parte es lógico, por supuesto. Hay cosas más necesarias: comida, vivienda, educación… Pero aparte de esto, lo cierto es que a nadie le importa un pepino la cultura salvo como postureo hipócrita. Bueno, quizá no tanto: los que vivimos, mejor o peor, de ella sí que nos preocupamos, claro. Pero no deja de ser también hipocresía y necesidad. España podría vivir sin su cine, sin libros, sin bibliotecas y sin festivales y casi nadie lo notaría o lo echaría de menos. Exagero, claro. Pero no mucho.
-Muchas veces se considera el género más “macabro” en el cual tú te mueves como un género pequeño, no de grandes masas como sería por ejemplo la comedia ¿es un tabú aún vigente o sigue pasando?

El fantástico en general y el terror en particular son, precisamente, géneros de masas y populares por antonomasia. Eso no quiere decir que le tengan que gustar a todo el mundo, por supuesto. Pero el hecho de que siga habiendo gente, tanto a nivel popular como entre la “intelligentsia”, que los desprecie o clasifique como “géneros chicos” es, simplemente, un prejuicio. Y uno que yo creo está en vías de extinción, porque son pocos los que pueden decir que no consumen productos de estos géneros, salvo que mientan. Hoy la fantasía, el terror, el thriller, la ciencia ficción, el policial, etc., están sobradamente reivindicados y aceptados. Quizá incluso demasiado. Lo que no quiere decir que no haya recalcitrantes al respecto. No obstante, intento no juzgar a quienes no comparten mis gustos… Siempre y cuando ellos no me juzguen a mí ni juzguen los míos e incluso, llegado el caso, pretendan prohibirlos o controlarlos. Aunque creo que las comedias románticas modernas de Hollywood son perniciosas e influyen negativamente en los espectadores, no por ello pretendo prohibirlas. Así que, simplemente, que nos dejen tranquilos con nuestros monstruos, asesinos y perversiones varias.
-Has tratado a fondo la historia más negra como por ejemplo en tu libro “Psychokillers” donde hablas de los psicópatas más conocidos y llevados a la pantalla ¿hay últimamente algún crimen considerado de película para Jesús Palacios?

Lo cierto es que tengo un poco abandonada la crónica de sucesos desde hace un tiempo. Tras escribir prácticamente tres libros al respecto (Psychokillers, Los ricos también matan y Juegos mortales), quedé bastante agotado. En concreto, el tema de los asesinos en serie ha llegado a hastiarme, ahora que son los héroes y villanos de todas las series de televisión, los cómics y las novelas más aburridas. Quizá por eso, sin abandonar del todo la crónica negra, he preferido retomar con Hollywood maldito el mundo esotérico y paranormal del cine, al que me acerqué por vez primera con Satán en Hollywood. Sin dejar de lado crímenes, glamour y perversión, me permite también abrir las puertas a un mundo más exótico y extraño: el reino donde se encuentran ficción y hechos, fantasía y realidad, ciencia y ocultismo. Un universo extraño que se manifiesta a través del cine en nuestro imaginario, creando una realidad moldeable, inaprensible y siempre inquietante. Por ejemplo, no deja de ser fascinante que acabe de ser robado el cráneo de Murnau de su panteón familiar en Berlín, a la luz de las conexiones con el ocultismo de su película más famosa, Nosferatu. Ese me parece un caso bien interesante, que proyecta hasta nuestros días la alargada sombra de Nosferatu, la película ocultista por excelencia.
-Tratas el tema de la manipulación y el sensacionalismo de los medios sobre todo en tu libro “Juegos mortales, katanas, mentiras y cintas de vídeo”. ¿Crees que en ciertos crímenes siempre meten el cine, el arte o los juegos para buscar un culpable?

Es un lugar común al que resulta fácil acudir. Un meme profundamente grabado en la mentalidad popular, porque parece verdad (y una mentira que se repite lo suficiente se convierte en verdad, al menos para muchos): si ves muchas películas de crímenes acabas cometiendo uno. Está ya en El Quijote, donde la lectura de libros de caballerías vuelve loco a Alonso Quijano… Es una solución rápida y barata a todo aquello que no queremos o podemos explicarnos en términos más complejos y dolorosos. En lugar de tratar de comprender al criminal y su verdadera naturaleza (humana), descargamos nuestra ira culpando al mensajero. La cabeza de turco perfecta, porque difícilmente puede protestar o demostrar su inocencia. El gore, los videojuegos violentos, el porno, la televisión, los cómics, el heavy metal satánico… Son siempre culpables salvo que demuestren su inocencia. Y aun así, siempre hay quien dirá que cuando el río suena… Creo que, con el tiempo, son factores que van perdiendo algo de energía y eficacia. Dependen mucho de la configuración social de cada época. Por ejemplo, hoy día a nadie se le ocurriría basar su opinión sobre un crimen o un asesino en el rostro del culpable, cuando la frenología creía explicarlo perfectamente hace menos de cien años y según científicos como Lombroso el asesino lo lleva escrito en la cara. Tampoco nadie resaltaría ahora que un asesino sea homosexual, como si el crimen tuviera alguna relación de causa y efecto con sus gustos sexuales… Y, sin embargo, no hace demasiado tiempo la homosexualidad se consideraba una perversión patológica (a menudo criminalizada, y penalizada), relacionada con psicopatías, sociopatías y tendencias asesinas o criminales varias…

El problema, quizá, es que los fans del terror como colectivo marginal no contamos mucho ni se nos toma demasiado en serio, por suerte (me c… en el día del orgullo freak). En particular me aburro de explicar una y otra vez que el que te guste matar gente en tus escritos o ver morir gente en la pantalla no constituye una prueba de que seas un asesino o puedas llegar a serlo, sino a menudo lo contrario. Que el hecho de que algún asesino o criminal lea cómics, escuche Black Metal o vea películas gore, no explica ni implica nada y que, de ser así, habría que prohibir también La Biblia, El Corán, las sevillanas y la Liga de Fútbol… Da lo mismo. Rara vez consigues que alguien cambie de opinión. Pero también oyes decir siempre a los vecinos del psicópata de turno que parecía un buen chico y era muy normal… Si le preguntaran a Lombroso, seguramente habría dicho que lo tenía escrito en la cara. Por otro lado, tenemos una gran ventaja: la industria del horror, el sexo y la violencia produce miles de millones de beneficio, y nada que dé tanto dinero será prohibido nunca ni culpabilizado hasta el extremo de hacerlo desaparecer.
-Pero nunca has dejado de lado el cine en ninguna de tus obras, desde el punto de vista oscuro como en “Satán en Hollywood” o en tu reciente “Hollywood maldito” o el lado más crítico y humorístico como en “¿Qué debes saber para parecer un cinéfilo?” ¿En qué género te sientes más cómodo a la hora de escribir? ¿Nos queda mucho por saber del mundo del cine?

Para mí es imposible dejar de lado el cine. Ya te contaba cómo empecé en el colegio escribiendo críticas de cine infantiles… Pero es que soy un hombre de la segunda mitad del siglo XX. La época en la que el cine era el medio por excelencia de comunicación de masas. De producción artística y de entretenimiento universal. Arte e industria a la vez y al tiempo. Vehículo de ideas, propaganda y debate. Capaz de cambiar el mundo a cada instante, creando iconos y arquetipos nuevos, que influían y siguen influyendo en la Historia colectiva e individual. Yo aprendí a fumar con Bogart y Mel Gibson, a besar con Clark Gable… Me convertía en héroe, villano y antihéroe. En mujer fatal y superhéroe, en asesino y en víctima… En el siglo pasado, el cine sustituyó a la novela como medio de producción de ideas, como suministrador de historias, de personajes y mitos. Lo que Dickens, Tolstoi, Walter Scott, Jane Austen, Galdós, Dumas, Hugo o Stendhal, por citar algunos, habían hecho a través de la literatura, lo hacían Ford, Billy Wilder, Kurosawa, Eisenstein, Disney, Douglas Sirk, Truffaut o Fritz Lang, entre otros muchos… El Arte Total que buscaba Wagner, la fusión de teatro, música, pintura, danza, etc., lo llevó a cabo el cine yendo incluso mucho más lejos gracias al montaje.

El cine puede ser abstracción, experiencia alucinógena, ensayo, aventura, no-ficción, mudo, musical… Quizá, si hubiera nacido veinte o treinta años después, el cine no se habría involucrado tanto en mi vida. Tal vez preferiría escribir sobre videojuegos, o cómic o internet… No lo sé. Pero hay una cosa que sí sé: escribo de cine porque, en realidad, es mi forma de escribir sobre el mundo. Sobre lo que pienso y siento. Sobre mí mismo y lo que me preocupa. Por ejemplo, en Hollywood maldito escribo acerca de la naturaleza de la realidad. De su fragilidad y de la incapacidad aún mayor del propio ser humano para aprehender la realidad objetiva… Cuando escribo de cine de terror hablo del miedo, del sexo, de la búsqueda de experiencias límite y de los límites de la experiencia… En muchos de los libros que has citado, abordo cuestiones sociológicas, morales, políticas o filosóficas, siempre utilizando el cine, pero no como excusa, sino como raison d´être. El cine es el filtro a través del que llego a otras cosas, pero a la vez es también el destino al que me lleva todo.
-Parafraseando a tu libro ¿Qué no debe saber un no cinéfilo?

Esta no la entiendo muy bien…
-¿Cómo surgen tus ideas?

No son tanto ideas como obsesiones. Escribo siempre de lo que leo, de lo que veo y lo que me persigue desde la infancia. Al ponerlo en papel (es un decir), al analizarlo, investigarlo, diseccionarlo e incluso reconocer su naturaleza mercurial e inaprensible, soy yo quien lo persigue e intenta capturarlo. Paso de ser presa a cazador. Eso sí, sin lograr cobrar nunca la pieza. Me gusta hacerme preguntas, pero no me fío de las respuestas que pueda dar. Por otro lado, escribir me motiva a seguir viendo cine, leyendo, debatiendo, descubriendo cosas nuevas… Es mi forma de vivir. Solo percibo la vida si la pongo por escrito.

-Si alguien quisiera seguir tu trabajo ¿Qué debería hacer?

Si te refieres a seguir mi trabajo en el sentido de continuar mi labor o tendencia o estilo o algo así, le aconsejaría que fuera fiel a sí mismo, a su “yo” más profundo, en la medida en que se atreva a conocerlo, interrogarlo y dejar que aflore con toda su irracionalidad, amoralidad y hasta locura… Controlándolo lo suficiente para que no se adueñe de todo, claro, y que le permita ordenar sus experiencias de forma que se expresen de manera accesible para los demás, que conecten también con un lector determinado, con quien pueda compartir toda esa locura. Locura a la que hay que imponer siempre un cierto orden, pero nunca una dictadura. Sobre todo, que no me imite. Que no imite a nadie aunque, al principio, tenga que hacerlo en alguna medida (todos lo hemos hecho). Pero lo fundamental sería que no pensara en la crítica de cine como una simple manifestación de sus gustos, una búsqueda o explicación de qué es buen cine y qué no lo es, y ese tipo de sandeces… Que viera la crítica como un género literario per se, capaz de divertir, entretener, asombrar, hacer pensar, emocionar o hasta convertirse en pura poesía, independientemente de que el lector coincida o no con sus gustos. En definitiva, que haga literatura, no opinión.

-¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Tengo como siempre más cosas en mente de las que puedo abarcar, pero seguramente el año próximo verá la luz un nuevo libro de ensayo en el que me sumerjo más que nunca en la oscuridad, tratando de entender cómo algunos hombres inteligentes e incluso brillantes del mundo del cine, la literatura y el arte, pudieron convertirse en víctimas de un espejismo monstruoso, que se cobró millares de víctimas. Hasta cierto punto, intento también entender la” fascinazión” que sentimos todos por esa misma oscuridad. No puedo hablar mucho más del proyecto, pero sí decir que será mi libro más peligroso, políticamente incorrecto y arriesgado.

Raquel de Jorge Tremps (16 Posts)